Lenguaje y Estimulación
Tu bebé hace «ba-ba» y tú le contestas, tu hijo señala una manzana y le dices cómo se llama. En esas pequeñas conversaciones ya estás acompañando su lenguaje y para aprovecharlas mejor, conviene entender qué es la estimulación temprana, qué puedes hacer en cada etapa y cuándo pedir orientación.
La estimulación temprana es el conjunto de juegos, actividades e interacciones que acompañan el desarrollo de un niño durante sus primeros años; forma parte de lo que se conoce como desarrollo infantil temprano e incluye oportunidades para moverse, explorar, comunicarse y relacionarse, adaptadas a sus intereses y edad.
En casa puede ser tan sencillo como cantar al cambiarlo, mirar un cuento juntos o nombrar los juguetes que guarda. La intención es ofrecerle experiencias que pueda disfrutar, respetando sus señales de interés, cansancio o incomodidad.
Cuando respondes a un sonido y haces una pausa, abres un turno para que tu hijo participe. Puede contestar con una sonrisa, un movimiento o un balbuceo: lo valioso es prestar atención a lo que intenta comunicar.
Las edades orientan el seguimiento del desarrollo y no sirven para comparar a tu hijo con otros; si algo te preocupa, consultar te permite conocer sus necesidades a tiempo.
Aparecen distintas formas de comunicación: atención a las voces, sonidos, balbuceos y gestos.
Las palabras y los gestos se usan para pedir, señalar y compartir intereses. Entre los indicadores de los 18 meses, los CDC incluyen intentar decir al menos tres palabras además de "mamá" o "papá".
Las combinaciones de palabras dan paso a conversaciones más amplias. A los 2 años, los CDC incluyen combinar al menos dos palabras, como "más leche".
Para referencias más específicas por edad puedes consultar los indicadores del desarrollo de los CDC y las etapas del desarrollo del habla y el lenguaje del NIDCD
Piensa en estas actividades como momentos compartidos y elige una que encaje con lo que tu hijo está haciendo y termina cuando pierda el interés. Pero nuestra recomendación más importante es: nómbralo todo.
Recuerda que cada niña y niño tiene su propio ritmo, sin embargo busca orientación si notas que no tiene intención comunicativa, que pierde palabras u otras habilidades que ya tenía, si parece no responder a voces o sonidos cotidianos, o si te preocupa cómo comprende o se comunica. También si no alcanza habilidades como las mencionadas para los 18 meses o los 2 años.
Lleva ejemplos concretos: qué palabras usa, cómo pide ayuda y qué instrucciones comprende. El pediatra puede valorar si necesita una evaluación del desarrollo, de la audición o del lenguaje. Las actividades en casa acompañan ese proceso y no sustituyen la atención profesional cuando se necesita.
Al guardar los juguetes, prueba decir: «El coche va en esta caja. ¿Dónde ponemos la pelota?». Después, espera. Quizá tu hijo señale, haga un sonido o responda con una palabra. Retoma esa respuesta y sigan juntos.
Hablar de lo que hacen es una manera accesible de compartir lenguaje, sobre todo cuando también escuchas y respondes. Puedes empezar por un momento cotidiano que ambos disfruten.
¿Sabías que cantar activa ambos hemisferios del cerebro infantil al mismo tiempo? Entre el primer y el tercer año de vida, la música funciona como un «acelerador natural» del habla: ayuda a estructurar los pensamientos, afina la escucha y multiplica las ganas de comunicarse.
Aprender a hablar a través de la música no solo es más fácil: es infinitamente más divertido. Por eso es el corazón del modelo educativo de Toma Nota.
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